lunes, 7 de mayo de 2018

Consagrados llamados a ser la aurora de la Iglesia. MAYO 2018, Congreso internacional “Consecratio et consecratio per evangelica consilia”

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Consagrados llamados a ser la aurora de la Iglesia

CONGREGACIÓN PARA LOS INSTITUTOS DE VIDA CONSAGRADA
Y LAS SOCIEDADES DE VIDA APOSTÓLICA

https://www.cmis-int.org/consagrados-llamados-a-ser-la-aurora-de-la-iglesia/

Comunicado de Prensa

Consagrados llamados a ser la aurora de la Iglesia

Documentos


 

Ciudad del Vaticano, 7 de mayo de 2018

Se concluyó ayer el Congreso internacional "Consecratio et consecratio per evangelica consilia" organizado por la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.

«Debemos continuar caminando juntos en sinodalidad, porque el Espíritu Santo habla donde existe la armonía de la vida fraterna». Lo ha dicho el Cardenal De Aviz, Prefecto de la CIVCSVA  en la conclusión de la sesión del día de ayer. Una reflexión sobre la consagración, que se ha iniciado en estos días y que es necesario continuar desarrollando, primero que todo desde el punto de vista teológico, a partir del Concilio Vaticano II y desde el Magisterio y trabajando junto con otros Dicasterios, así lo ha afirmado Mons, José Rodríguez Carballo, OFM, Arzobispo Secretario CIVCSVA en el desarrollo de la síntesis conclusiva. «La consagración es una realidad dinámica, in itinere… Es una identidad en relación, porque el carisma tiene un aspecto relacional. Podemos ser la aurora de la Iglesia – como nos ha dicho el Papa – si caminamos juntos, en comunión con la Iglesia y en comunión con el mundo».

En estos días los consagrados y consagradas de todo el mundo se encontraron para compartir reflexiones y experiencias sobre los temas de la consagración, el carisma, la fraternidad y la misión.

«La experiencia que estoy haciendo en estos días – ha dicho Kris Van Damme, consagrado de la Familia espiritual la Obra – es la de ver y encontrar una gran diversidad de carismas y de modos de vivir y de entender la consagración. No obstante la diversidad veo la unidad por amor de Cristo y el compromiso con la Iglesia, además una fuerte experiencia de Espíritu Santo».

También lo afirma, Jeanne Marie Cooper, 33 años, consagrada del Ordo Virginum desde hace más o menos 10 años, que desarrolla su profesión de juez y coordinadora del tribunal matrimonial en la Diócesis de Winona-Rochester: «En este Congreso me he sentido animada por la apertura de la Congregación hacia las diversas formas de vida consagrada, como el Ordo Virginum, que son nuevas realidades en la vida de la Iglesia. También he sentido una gran alegría encontrar otras vírgenes consagradas de todo el mundo y descubrir cómo son de semejantes nuestras experiencias personales, a pesar de nuestros contextos culturales diferentes».

Vittoria Terenzi 
Oficina de prensa – CIVCSVA
Cell. 380/3444483
vterenzi@yahoo.it


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lunes, 2 de abril de 2018

Feliz Pascua de Resurrección, CMIS, CISAL

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¡FELIZ PASCUA, DESDE CISAL, DESDE CMIS!

"¡Nuevos son los cielos, nueva la tierra por tu resurrección. Nuevo es el corazón, nuevo el fuego, fecunda es el agua, más viva la tierra por tu resurrección… Repites el nombre de cada criatura, oh Resucitado, y nueva vida y nuevo canto habrá en la tierra! (p. G. Vannucci)

¡Feliz Pascua de Resurrección a todos en el signo de una renovación constante y bendecida!

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lunes, 26 de febrero de 2018

RELEVO EN EL CONSEJO EJECUTIVO DE LA FENIS. Calendario del 2018

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RELEVO EN EL CONSEJO EJECUTIVO DE LA FENIS

 

Acogidos fraternalmente en la casa de Matilde Viso, anterior presidenta de la FENIS y a quien agradecemos muy de veras por volcar toda su energía y ser un Evangelio abierto con su equipo para todos los miembros, el domingo 11 de febrero, fiesta de Lourdes, fue elegido el nuevo Consejo Ejecutivo FENIS 2018. Les informamos de los nuevos miembros y del calendario programado.

 

PRESIDENTA: Perla De la Cruz Salvatierra del IS. Misioneras de María Reina de los Corazones. 

VICE PRESIDENTA: Carmen Rosa Cáceda Bracamonte del IS. Voluntarias de Don Bosco.

TESORERA: Beatriz García Guzmán del IS. Cruzadas de Santa María.

SECRETARIA. Yenny Quispe Lipa del IS. Hijas de Santa Ana.

VOCAL: Matilde Viso Toledo del IS. Misioneras del Evangelio.

 

En cuanto a las Actividades FENIS 2018

 

Domingo 27 de mayo - Celebración 26 Aniversario FENIS.

Domingo 26 de agosto - Día de Formación.

Domingo 28 de octubre - Retiro.

Domingo 09 de diciembre - Adviento y Encuentro Navideño.     

 

El nuevo Consejo Ejecutivo FENIS 2018 da gracias a Dios por esta oportunidad de amor y servicio, que el Señor nos asista con su sabiduría en nuestras actividades.  La FENIS es más que una federación es una fraternidad que alimenta y motiva la vocación de los Consagrados Seculares, es un lugar de formación permanente y de comunión fraterna. Nuestra vocación es atrayente si somos creativos, capaces de cercanía y ternura como el Samaritano compasivo.  SON UN ALA AVANZADA DE LA IGLESIA EN EL MUNDO (Papa Pablo VI – 1972). ESTAN EN EL CORAZON DEL MUNDO CON EL CORAZON DE DIOS (Asamblea General 2016 - Roma.)

 

 

Las palabras del Papa Francisco en Las Palmas, dirigidas a todo el Pueblo de Dios, resonaron de modo muy especial en todos los consagrados seculares de la FENIS y por eso las ponemos en nuestro blog:

 

"Sí, aquí en Lima, o en donde estés viviendo, en la vida cotidiana del trabajo rutinario, en la educación esperanzadora de los hijos, entre tus anhelos y desvelos; en la intimidad del hogar y en el ruido ensordecedor de nuestras calles. Es allí, en medio de los caminos polvorientos de la historia, donde el Señor viene a tu encuentro

Algunas veces nos puede pasar lo mismo que a Jonás. Nuestras ciudades, con las situaciones de dolor e injusticia que a diario se repiten, nos pueden generar la tentación de huir, de escondernos, de zafar. Y razones, ni a Jonás ni a nosotros nos faltan. Mirando la ciudad podríamos comenzar a constatar que existen «ciudadanos que consiguen los medios adecuados para el desarrollo de la vida personal y familiar —y eso nos alegra—, el problema está en que son muchísimos los "no ciudadanos", "los ciudadanos a medias" o los "sobrantes urbanos"»[1] que están al borde de nuestros caminos, que van a vivir a las márgenes de nuestras ciudades sin condiciones necesarias para llevar una vida digna y duele constatar que muchas veces entre estos «sobrantes humanos» se encuentran rostros de tantos niños y adolescentes. Se encuentra el rostro del futuro.

Y al ver estas cosas en nuestras ciudades, en nuestros barrios —que podrían ser un espacio de encuentro y solidaridad, de alegría— se termina provocando lo que podemos llamar el síndrome de Jonás: un espacio de huida y desconfianza (cf. Jon 1,3). Un espacio para la indiferencia, que nos transforma en anónimos y sordos ante los demás, nos convierte en seres impersonales de corazón cauterizado y, con esta actitud, lastimamos el alma del pueblo, de este pueblo noble…

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se dirigió a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. A diferencia de Jonás, Jesús, frente a un acontecimiento doloroso e injusto como fue el arresto de Juan, entra en la ciudad, entra en Galilea y comienza desde ese pequeño pueblo a sembrar lo que sería el inicio de la mayor esperanza: El Reino de Dios está cerca, Dios está entre nosotros. Y el Evangelio mismo nos muestra la alegría y el efecto en cadena que esto produce: comenzó con Simón y Andrés, después Santiago y Juan (cf. Mc 1,14-20) y, desde esos días, pasando por santa Rosa de Lima, santo Toribio, san Martín de Porres, san Juan Macías, san Francisco Solano, ha llegado hasta nosotros anunciado por esa nube de testigos que han creído en Él. Ha llegado hasta Lima, hasta nosotros para comprometerse nuevamente como un renovado antídoto contra la globalización de la indiferencia. Porque ante este Amor, no se puede permanecer indiferentes.

Jesús invitó a sus discípulos a vivir hoy lo que tiene sabor a eternidad: el amor a Dios y al prójimo; y lo hace de la única manera que lo puede hacer, a la manera divina: suscitando la ternura y el amor de misericordia, suscitando la compasión y abriendo sus ojos para que aprendan a mirar la realidad a la manera divina. Los invita a generar nuevos lazos, nuevas alianzas portadoras de eternidad.

Jesús camina la ciudad con sus discípulos y comienza a ver, a escuchar, a prestar atención a aquellos que habían sucumbido bajo el manto de la indiferencia, lapidados por el grave pecado de la corrupción. Comienza a develar muchas situaciones que asfixiaban la esperanza de su pueblo suscitando una nueva esperanza. Llama a sus discípulos y los invita a ir con Él, los invita a caminar la ciudad, pero les cambia el ritmo, les enseña a mirar lo que hasta ahora pasaban por alto, les señala nuevas urgencias. Conviértanse, les dice, el Reino de los Cielos es encontrar en Jesús a Dios que se mezcla vitalmente con su pueblo, se implica e implica a otros a no tener miedo de hacer de esta historia, una historia de salvación (cf. Mc 1,15.21 y ss.).

Jesús sigue caminando por nuestras calles, sigue al igual que ayer golpeando puertas, golpeando corazones para volver a encender la esperanza y los anhelos: que la degradación sea superada por la fraternidad, la injusticia vencida por la solidaridad y la violencia callada con las armas de la paz. Jesús sigue invitando y quiere ungirnos con su Espíritu para que también nosotros salgamos a ungir con esa unción, capaz de sanar la esperanza herida y renovar nuestra mirada.

Hoy el Señor te invita a caminar con Él la ciudad, te invita a caminar con Él tu ciudad. Te invita a que seas discípulo misionero, y así te vuelvas parte de ese gran susurro que quiere seguir resonando en los distintos rincones de nuestra vida: ¡Alégrate, el Señor está contigo!" (Papa Francisco, Las Palmas, 21 enero 2018)

 


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viernes, 23 de febrero de 2018

“Estar en el mundo, pero no ser del mundo”: meditación de Cuaresma, P. Cantalamesa

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"Estar en el mundo, pero no ser del mundo": meditación de Cuaresma

Primera predicación del P. Raniero Cantalamessa

El P. Raniero Cantalamessa © Vatican Media

El P. Raniero Cantalamessa © Vatican Media

(ZENIT – 23 feb. 2018).- El Padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, impartió esta mañana su primera predicación de Cuaresma a partir de la frase: "No os conforméis a la mentalidad de este mundo", que se lee en la Carta de San Pablo a los Romanos (12, 2).

La charla cuaresmal ha tenido lugar esta mañana, 23 de febrero de 2018, a las 9 horas, en la Capilla Redemptoris Mater del Palacio Apostólico .

A continuación, sigue el texto de la predicación del P. Cantalamessa:

«No os conforméis a la mentalidad de este mundo» (Rom 12,2)

«No os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto» (Rom 12,2).

En una sociedad en la que cada uno se siente investido con la tarea de transformar el mundo o la Iglesia, cae esta palabra de Dios que invita a transformarse uno mismo. «No os amoldéis a este mundo»: después de estas palabras habríamos esperado que se nos dijera: «¡Pero transformadlo!»; en cambio nos dice: «¡Sino transformaos!». Transformad, sí, el mundo, pero el mundo que está dentro de vosotros, antes de creer poder transformar el mundo que está fuera de vosotros.

Será esta palabra de Dios, sacada de la Carta a los Romanos, la que nos introduzca este año en el espíritu de la Cuaresma. Como desde hace algunos años, dedicamos la primera meditación a una introducción general a la Cuaresma, sin entrar en el tema específico del programa, también por la ausencia de parte del auditorio ocupado en otro lugar en los Ejercicios Espirituales.

1. Los cristianos y el mundo

Demos primero una mirada a cómo este ideal del apartamiento del mundo ha sido comprendido y vivido desde el Evangelio hasta nuestros días. Conviene tener en cuenta siempre las experiencias del pasado si se quieren comprender las necesidades del presente.

En los evangelios sinópticos la palabra «mundo» (kosmos) casi siempre se entiende en sentido moralmente neutro. Tomado en sentido espacial, mundo indica la tierra y el universo («Id por todo el mundo»); tomado en sentido temporal, indica el tiempo o el «siglo» (aion) presente. Con Pablo, y más aún con Juan, la palabra «mundo», se carga de una relevancia moral y viene a significar, la mayoría de las veces, el mundo como ha llegado a ser tras el pecado y bajo el dominio de Satanás, «el Dios de este mundo» (2 Cor 4,4). De ahí la exhortación de Pablo de la que hemos partido y aquella, casi idéntica, de Juan en su Primera Carta:

« No améis al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo, no está en él el amor del Padre. Porque lo que hay en el mundo —la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la arrogancia del dinero—, eso no procede del Padre, sino que procede del mundo» (1 Jn 2, 15-16).

Todo esto no conduce nunca a perder de vista que el mundo en sí mismo, a pesar de todo, es y seguirá siendo, la realidad buena creada por Dios, que Dios ama y que ha venido a salvar, no a juzgar: «Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16).

La actitud hacia el mundo que Jesús propone a sus discípulos está encerrada en dos preposiciones: estar en el mundo, pero no ser del mundo: «Ya no voy a estar en el mundo —dice dirigido al Padre—; pero ellos están en el mundo […]. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo» (Jn 17,11.16).

Durante los tres primeros siglos, los discípulos se muestran conscientes de esta posición suya única. La Carta a Diogneto, escrito anónimo de final del siglo II, describe así el sentimiento que los cristianos tenían de sí mismos en el mundo:

«Los cristianos no se distinguen de los demás hombres, ni por el lugar en que viven, ni por su lenguaje, ni por sus costumbres. Ellos, en efecto, no tienen ciudades propias, ni utilizan un hablar insólito, ni llevan un género de vida distinto. Su sistema doctrinal no ha sido inventado gracias al talento y especulación de hombres estudiosos, ni profesan, como otros, una enseñanza basada en autoridad de hombres. Viven en ciudades griegas y bárbaras, según les cupo en suerte, siguen las costumbres de los habitantes del país, tanto en el vestir como en todo su estilo de vida y, sin embargo, dan muestras de un tenor de vida admirable y, a juicio de todos, increíble. Habitan en su propia patria, pero como forasteros; toman parte en todo como ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros; toda tierra extraña es patria para ellos, pero están en toda patria como en tierra extraña. Igual que todos, se casan y engendran hijos, pero no se deshacen de los hijos que conciben. Tienen la mesa en común, pero no el lecho. Viven en la carne, pero no según la carne».

Sinteticemos al máximo la continuación de la historia. Cuando el cristianismo se convierte en religión tolerada y luego muy pronto protegida y favorecida, la tensión entre el cristiano y el mundo tiende inevitablemente a atenuarse, porque el mundo ya se ha convertido, o al menos es considerado, «un mundo cristiano». Se asiste así a un doble fenómeno. Por una parte, los grupos de creyentes deseosos de permanecer como sal de la tierra y no perder el sabor, huyen, también físicamente, del mundo y se retiran al desierto. Nace el monacato teniendo como enseña el lema dirigido al monje Arsenio: «Fuge, tasce, quiesce», «Huye, calla, vive retirado».

Al mismo tiempo, los pastores de la Iglesia y los espíritus más iluminados tratan de adaptar el ideal del apartamiento del mundo a todos los creyentes, proponiendo una huida no material, sino espiritual del mundo. San Basilio en Oriente y san Agustín en Occidente conocen el pensamiento de Platón sobre todo en la versión ascética que había asumido con el discípulo Plotino. En esta atmósfera cultural estaba vivo el ideal de la fuga del mundo. Sin embargo, se trataba de una fuga, por así decirlo, en vertical, no en horizontal, hacia arriba, no hacia el desierto. Consiste en elevarse por encima de la multiplicidad de las cosas materiales y las pasiones humanas, para unirse a lo que es divino, incorruptible y eterno.

Los Padres de la Iglesia —los capadocios en primera línea— proponen una ascética cristiana que responde a esta exigencia religiosa y adopta su lenguaje, sin sacrificar nunca a ella, sin embargo, los valores propios del Evangelio. Para empezar, la fuga del mundo inculcada por ellos es obra de la gracia más que del esfuerzo humano. El acto fundamental no está al final del camino, sino en su comienzo, en el bautismo. Por eso, no está reservada a pocos espíritus cultos, sino abierta a todos. San Ambrosio escribirá un tratadito Sobre la huida del mundo, dirigiéndolo a todos los neófitos. La separación del mundo que él propone es sobre todo afectiva: «La fuga —dice— no consiste en abandonar la tierra, sino, permaneciendo en la tierra, en observar la justicia y la sobriedad, en renunciar a los vicios y no al uso de los alimentos».

Este ideal de desprendimiento y fuga del mundo acompañará, en formas diversas, toda la historia de la espiritualidad cristiana. Una oración de la liturgia lo resume en el lema: «Terrena despicere et amare caelestia», «despreciar las cosas de la tierra y amar las del cielo».

2. La crisis del ideal de la «fuga mundi»

Las cosas han cambiado en la época cercana a nosotros. Nosotros hemos atravesado, a propósito del ideal de la separación del mundo, una fase «crítica», es decir, un período en que dicho ideal fue «criticado» y mirado con sospecha. Esta crisis tiene raíces remotas. Comienza —al menos a nivel teórico— con el humanismo del renacimiento que produce el auge del interés y entusiasmo, a veces de matriz paganizante, por los valores mundanos. Pero el factor determinante de la crisis hay que verlo en el fenómeno de la llamada «secularización», que comenzó con la Ilustración y alcanzó su punto álgido en el siglo XX.

El cambio más evidente se refiere precisamente al concepto de mundo o de siglo. En toda la historia de la espiritualidad cristiana, la palabra saeculum, había tenido una connotación tendencialmente negativa, o al menos ambigua. Indicaba el tiempo presente sometido al pecado, en oposición al siglo futuro o a la eternidad. Con el paso de pocas décadas, cambió de signo, hasta asumir, en los años '60 y '70, un significado muy positivo. Algunos títulos de libros que salieron en aquellos años, como El significado secular del Evangelio, de Paul van Buren, y La ciudad secular, de Harvey Cox, ponen en evidencia, por sí solos, este significado nuevo, optimista, de «siglo» y de «secular». Nació una «teología de la secularización».

Sin embargo, todo esto ha contribuido a alimentar en algunos un optimismo exagerado respecto del mundo, que no tiene en cuenta suficientemente su otra cara: aquella por la que está «bajo el maligno» y se opone al espíritu de Cristo (cf. Jn 14,17). En un determinado momento nos hemos dado cuenta de que al ideal tradicional de la fuga «del» mundo, se había sustituido, en la mente de muchos (también entre el clero y los religiosos), por el ideal de una fuga «hacia» el mundo, es decir, una mundanización.

En este contexto se escribieron algunas de las cosas más absurdas y delirantes que jamás se han pasado bajo el nombre de «teología». La primera de ellas es la idea de que Dios mismo se seculariza y se mundaniza, cuando se anula como Dios para hacerse hombre. Estamos ante la llamada «Teología de la muerte de Dios». Existe también una sana teología de la secularización en que ésta no es vista como algo opuesto al Evangelio, sino más bien como un producto de él. Pero no es ésa la teología de la que estamos hablando.

Alguien ha hecho notar que las «teologías de la secularización» mencionadas no eran otra cosa que un intento apologético tendente «a proporcionar una justificación ideológica de la indiferencia religiosa del hombre moderno»; eran también «la ideología que las Iglesias necesitaban para justificar su creciente marginación»[1]. Pronto se hizo claro que estábamos en un callejón sin salida; en pocos años no se habló ya casi de teología de la secularización y algunos de sus mismos promotores tomaron distancias.

Como siempre, tocar el fondo de una crisis es la ocasión para volver a interrogar a la Palabra de Dios «viva y eterna». Escuchamos de nuevo, pues, la exhortación de Pablo: «No os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto».

Para el Nuevo Testamento, ya sabemos cuál es el mundo al cual no debemos conformarnos: no el mundo creado y amado por Dios, no los hombres del mundo a los cuales, al contrario, debemos ir siempre al encuentro, especialmente los pobres, los últimos, los que sufren. El «mezclarse» con este mundo del sufrimiento y la marginación es paradójicamente el mejor modo de «separarse» del mundo, porque es ir allí, de donde el mundo huye con todas sus fuerzas. Es separarse del mismo principio que rige el mundo, que es el egoísmo.

Detengámonos más bien en el significado de lo que sigue: transformarse renovando lo íntimo de nuestra mente. Todo en nosotros comienza por la mente, por el pensamiento. Hay una máxima de sabiduría que dice:

Supervisa los pensamientos porque se convierten en palabras.
Supervisa las palabras porque se convierten en acciones.
Supervisa las acciones porque se convierten en costumbres.
Supervisa las costumbres porque se convierten en tu carácter.
Supervisa tu carácter porque se convierte en tu destino.

Antes que en las obras, el cambio debe realizarse, pues, en el modo de pensar, es decir, en la fe. En el origen de la mundanización hay muchas causas, pero la principal es la crisis de fe. En este sentido, la exhortación del Apóstol no hace más que revitalizar la de Cristo al comienzo de su Evangelio: «Convertíos y creed», ¡convertíos, es decir, creed! Cambiad la manera de pensar; dejad de pensar «según los hombres» y comenzad a pensar «según Dios» (cf. Mt 16,23).

Tenía razón san Tomás de Aquino al decir que «la primera conversión se realiza creyendo»: la prima conversio fit per fidem.

La fe es el terreno de enfrentamiento primario entre el cristiano y el mundo. Por la fe el cristiano ya no es «del» mundo. Cuando leo las conclusiones que sacan los científicos no creyentes de la observación del universo, la visión del mundo que nos dan escritores y cineastas, donde, en el mejor de los casos, Dios es reducido a un vago y subjetivo sentido del misterio y Jesucristo ni siquiera es tomado en cuenta, siento que pertenezco, gracias a la fe, a otro mundo. Experimento la verdad de aquellas palabras de Jesús: «Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis» y quedo perplejo al comprobar cómo Jesús ha previsto esta situación y dado anticipadamente su explicación: «Has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las ha revelado a los sencillos» (Lc 10,21-23).

Entendido en sentido moral, el «mundo» es por definición lo que se niega a creer. El pecado, del que Jesús dice que el Paráclito «convencerá al mundo», es no haber creído en Él (cf. Jn 16,8-9). Juan escribe: «Esta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe» (1 Jn 5,4-5). En la carta a los Efesios se lee: «También vosotros estabais muertos por vuestras culpas y vuestros pecados, en los cuales un tiempo vivisteis a la manera de este mundo, siguiendo al príncipe de las potencias del aire, ese Espíritu que ahora obra en los hombres rebeldes» (Ef 2,1-2). El exégeta Heinrich Schlier ha hecho un análisis penetrante de este «espíritu del mundo» considerado por Pablo como el rival directo del «Espíritu de Dios» (1 Cor 2,12). En él desempeña un papel decisivo la opinión pública, hoy también literalmente espíritu «que está en el aire» porque se difunde vía éter.

«Se determinará —escribe— un espíritu de gran intensidad histórica, al que el individuo difícilmente puede sustraerse. Nos atenemos al espíritu general, se considera evidente. Actuar o pensar o decir algo contra él se considera cosa absurda o incluso una injusticia o un delito. Entonces ya no se osa ponerse frente a las cosas y a la situación y sobre todo a la vida de manera diferente a como las presenta… Su característica es interpretar el mundo y la existencia humana a su manera».

Es lo que llamamos «adaptación al espíritu de los tiempos». Actúa como el vampiro de la leyenda. El vampiro se pega a las personas que duermen y mientras le chupa su sangre, al mismo tiempo inyecta en ellas un líquido soporífero que hace que encuentren aún más dulce el sueño, de modo que aquéllas se sumen cada vez más en el sueño y este puede chupar toda la sangre que quiere. Pero el mundo es peor que el vampiro, porque el vampiro no puede adormecer a la presa, sino que se acerca a los que ya duermen. En cambio, el mundo primero duerme a las personas y luego les chupa todas sus energías espirituales, inyectando también una especie de líquido soporífero que hace encontrar el sueño aún más dulce.

El remedio en esta situación es que alguien nos grite al oído: «¡Despierta!». Es lo que hace la palabra de Dios en muchas ocasiones y que la liturgia de la Iglesia nos hace volver a escuchar puntualmente al inicio de la Cuaresma: «Despierta tú que duermes» (Ef 5,14); «¡Es tiempo de despertarse del sueño!» (Rom 13,11).

3. Pasa la escena de este mundo

Pero interroguémonos por el motivo por el que el cristiano no debe ajustarse al mundo. No es de naturaleza ontológica, sino escatológica. No se deben tomar las distancias del mundo porque la materia es intrínsecamente mala y enemiga del espíritu, como pensaban los platónicos y algunos escritores influenciados por ellos, sino porque, como dice la Escritura, «pasa la escena de este mundo» (1 Cor 7,31); «el mundo pasa con su concupiscencia, pero quien hace la voluntad de Dios permanece para siempre» (1 Jn 2,17).

Basta detenerse un instante y mirar alrededor para darse cuenta de la verdad de estas palabras. Ocurre en la vida como en la pantalla de televisión: los programas, las llamadas parrillas, se suceden rápidamente y cada uno borra al anterior. La pantalla sigue siendo la misma, pero los programas y las imágenes cambian. Eso sucede con nosotros: el mundo permanece, pero nosotros nos vamos uno detrás de otro. De todos los nombres, los rostros, las noticias que llenan los periódicos y los telediarios de hoy —de todos nosotros— ¿qué quedará de aquí a unos años o décadas? Nada de nada.

Pensemos en qué quedan los mitos de hace 40 años y qué quedará dentro de 40 años de los mitos y las celebridades de hoy. «Sucederá —se lee en Isaías— como cuando un hambriento sueña con comer, como cuando un sediento sueña beber, pero se despierta cansado, con la garganta seca» (Is 29,8). ¿Qué son riquezas, salud, gloria, si no un sueño que se desvanece al despuntar el día? Un pobre, decía san Agustín, una noche tiene un sueño precioso. Sueña que le cae encima una herencia ingente. Durante el sueño se ve revestido de espléndidos vestidos, rodeado de oro y plata, poseedor de campos y viñas; en su orgullo desprecia al propio padre y finge no reconocerlo… Pero se despierta por la mañana y se descubre tal como se había dormido.

«Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré», dice Job (Job 1,21). Ocurrirá lo mismo a los millonarios de hoy con su dinero y a los poderosos que hoy hacen temblar al mundo con su poder. El hombre, visto fuera de la fe, no es más que «un dibujo creado por la ola en la playa del mar a la que borra la ola posterior ».

Hoy hay un nuevo marco en que es particularmente necesario no ajustarse a este mundo: las imágenes. Los antiguos habían acuñado el lema: «Ayunar del mundo» (nesteuein tou kosmou); hoy se debería entender en el sentido de ayunar de las imágenes del mundo. Hubo un tiempo en que el ayuno de alimentos y bebidas era considerado el más eficaz y necesario. Ya no es así. Hoy se ayuna por muchos otros motivos: sobre todo para mantener la línea. Ningún alimento, dice la Escritura, es en sí mismo impuro, mientras que muchas imágenes lo son. Se han convertido en uno de los vehículos privilegiados con los que el mundo difunde su antievangelio. Un himno de la cuaresma exhorta:

Utamur ergo parcius          Utilicemos parcamente
Verbis, cibis et potibus,      palabras, alimentos y bebidas.
Somno, iocis et arctius       sueño y recreo.
Perstemus en custodia.      Estemos más atentos en custodiar los sentidos.

A la lista de las cosas que hay que usar parcamente —palabras, alimentos, bebidas y sueño— habría que añadir, las imágenes. Entre las cosas que vienen del mundo y no del Padre, junto a la concupiscencia de la carne y la soberbia de la vida, san Juan pone significativamente «la concupiscencia de los ojos» (1 Jn 2,16). Recordemos cómo cayó el rey David… lo que le ocurrió mirando en la terraza de la casa de al lado, pasa hoy a menudo abriendo algunos sitios en Internet.

Si en algún momento nos sentimos turbados por imágenes impuras, sea por imprudencia propia, sea por la invasión del mundo que caza a la fuerza sus imágenes en los ojos de la gente, imitemos lo que hicieron en el desierto los judíos que eran mordidos por serpientes. En lugar de perdernos en estériles lamentos, o buscar excusas en nuestra soledad y en la incomprensión de los demás, miremos a un Crucifijo o vayamos ante el Santísimo. «Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es preciso que sea levantado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna» (Jn 3,15). Que el remedio pase por donde ha pasado el veneno, es decir por los ojos.

Con estos propósitos sugeridos por la palabra de san Pablo a los Romanos, y sobre todo con la gracia de Dios, comenzamos, Venerables padres, hermanos y hermanas, nuestra preparación a la Santa Pascua. Hacer Pascua, decía san Agustín, significa «pasar de este mundo al Padre» (Jn 13,1), es decir, ¡pasar a lo que no pasa! Es necesario pasar desde el mundo para no pasar con el mundo. Buena y santa Cuaresma.

©Traducción del original italiano Pablo Cervera Barranco


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lunes, 29 de enero de 2018

Con el cardenal Cláudio Hummes y el Papa Francisco arranca la cuenta atrás del Sínodo para la Amazonía 2019

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Comienza en Puerto Maldonado la preparación del Sínodo para la Amazonía 2019

10:00 a m| 27 ene 18 (RD/VN/BV).- De cara a la celebración del histórico Sínodo para la Amazonía, a realizarse en octubre de 2019, el cardenal Lorenzo Baldisseri, secretario general del Sínodo de los Obispos, junto con los obispos delegados de los países panamazónicos(Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela), han celebrado una primera reunión preparatoria, tal como lo anunció el papa Francisco durante su encuentro con los pueblos originarios en Perú.

En la reunión, los obispos -quienes también son miembros de la REPAM (Red Eclesial Panamazónica) expresaron las inquietudes de los pueblos originarios, cuyos desafíos hacen parte de las realidades pastorales que viven en la región y que incluye, entre otros flagelos, las consecuencias de las prácticas extractivistas y de deforestación indiscriminada. Recogemos también una entrevista al presidente de la REPAM, el cardenal brasileño Claudio Hummes, que explica con detalle el origen y funciones de la organización, y qué espera del Sínodo.

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El Papa en su discurso ante los pueblos indígenas, en el coliseo Madre de Dios, fue claro al señalar la necesidad de "romper con el paradigma histórico que considera la Amazonía como una despensa inagotable de los Estados sin tener en cuenta a sus habitantes".

Los obispos, por su parte, ante estas problemáticas han valorado el hecho de que "el proceso formal del Sínodo haya comenzado en el territorio Amazónico", lo que se convierte en un signo profético vital.

Lo que viene

De acuerdo con el cardenal Cláudio Hummes, presidente de la REPAM, "el siguiente paso será la elaboración de los documentos preparatorios, como corresponde en todo proceso Sinodal, mediante los cuales los obispos del territorio amazónico, y su pueblo, continuarán siendo consultados". Todo esto bajo las orientaciones del obispo de Roma, a partir de la exhortación apostólica 'Evangelii Gaudium' y de la encíclica 'Laudato Si', sobre el cuidado de la casa común.

"Queremos hacer eco de las palabras del Santo Padre sobre el reconocimiento de nuestros pueblos como interlocutores que, con su sabiduría ancestral y su diversidad cultural, hacen posible el cuidado de la casa común", han expresado los obispos, a través de un comunicado difundido por la REPAM.

Poca conciencia e indiferencia

El desafío no es menor si se tiene en cuenta que los territorios de la Amazonía están, más que nunca, bajo amenaza, como lo ha denunciado Mauricio López, secretario ejecutivo de la REPAM, pues, a su criterio, "hay poquísima conciencia sobre la importancia del bioma o ecosistema Amazónico, como sistema vivo, como organismo vital para el futuro del planeta. Hay una mirada 'folclórica' de la Amazonía, no hay conciencia de un ecosistema amazónico".

Leonardo Tello, director de la radio Ucamara –un medio de comunicación en lengua kukama– en Iquitos, a orillas del río Marañón, confiesa que le teme más a la "indiferencia" que a las mismas amenazas, pues "ante la indiferencia no sabes cómo reaccionar y precisamente eso es lo que más atenta, pues es la sociedad y hasta nuestros mismos hermanos quienes están dándonos la espalda".

Las preocupaciones de Tello y de López no son ajenas a los derroteros que marcan el inicio de la preparación del Sínodo e, incluso, coinciden con lo propuesto por el Papa en Puerto Maldonado cuando manifestó que consideraba "imprescindible realizar esfuerzos para generar espacios institucionales de respeto, reconocimiento y diálogo con los pueblos nativos; asumiendo y rescatando la cultura, lengua, tradiciones, derechos y espiritualidad que les son propias".

Una mirada multifactorial

No obstante, también será necesario cuestionar los modelos de desarrollo que impactan en el ecosistema. Por ello, Mauricio López es partidario de lo que ha denominado "una mirada multifactorial", es decir, una mirada sistémica "para entender la gran complejidad de las relaciones en este ecosistema y ver cómo son las dinámicas geopolíticas del planeta, los modelos de consumo y la acumulación en profunda inequidad en nuestro planeta, lo que está produciendo más impactos en este territorio".

ENLACE: Comunicado del Encuentro de Preparación del Sínodo Especial para la Amazonia

 

Cardenal Hummes: "Los pueblos indígenas deben participar del Sínodo de la mayor forma posible"

El Sínodo de la Panamazonia se ha convertido en poco tiempo en uno de los elementos más comentados tanto dentro como fuera de la Iglesia católica. La Encíclica Laudato Si, en la que el Papa Francisco hace una llamada a vivir desde una ecología integral, ya fue un buen punto de partida en la reflexión, lo que ha provocado nuevos enfoques tanto eclesiales como sociales.

Una de las voces que pueden sonar con más fuerza en ese Sínodo es la del cardenal brasileño Claudio Hummes, el mismo que una vez elegido Papa le dijo al cardenal Bergoglio que no se olvidase de los pobres, lo que según algunas voces fue motivo para elegir el nombre del santo de Asís.

El purpurado es Presidente de la Red Eclesial Panamazonia (REPAM), una de las niñas de los ojos del Papa Francisco, que "quiere articular al Pueblo de Dios en la Panamazonia", todo ello a partir de "la historia e identidad de los pueblos de la Panamazonia y de su realidad ambiental".

En esta entrevista el Cardenal Hummes hace una presentación de lo que es la REPAM, de su génesis, objetivos y modo de realizar el trabajo evangelizador, que tiene como punto de partida "la gran preocupación que la Iglesia tiene hoy de ser una Iglesia con rostro amazónico", que busca nuevos caminos para "ser Iglesia misionera en esa región".

Una misión que no se ocupa sólo "de las cuestiones religiosas, sino también de todo aquello que forma parte de la dimensión socio-ambiental, política, económica, como aparece en la Laudato Si", y que tiene "opción preferencial por los pobres" y especial preocupación por "los pueblos indígenas originarios de esa región".

¿Qué es la REPAM, la Red Eclesial Panamazónica?

Es una red eclesial, y con ello queremos decir que es un servicio que quiere articular al Pueblo de Dios en la Panamazonia, en esos nueve países que tienen región amazónica, profundamente identificado con la historia e identidad de los pueblos de la Panamazonia y de su realidad ambiental. Que identifica todo aquello que son las actividades, las organizaciones que trabajan con ese gran objetivo de la evangelización de la Panamazonia dentro de la realidad y perspectiva amazónica socio-ambiental, cultural, de aquellos pueblos.

¿Qué es lo que busca la REPAM?

Articular para que nadie se sienta aislado, para que ninguna diócesis, ninguna institución, ninguna iniciativa, ninguna comisión, ningún proyecto de trabajo se sienta aislado. Todo ello según aquello que el Papa dice en la Laudato Si, que todo está conectado.

Queremos ayudar a construir esa red, que todos se sientan conectados, en un servicio que quiere estar muy próximo de la base, de la gente, de aquello que realmente sucede, para apoyar, articular con otros, a veces hasta para consolar, para caminar juntos, para dar valentía.

Además de articular, quiere ayudar a que ella funcione como red, estimular ese espíritu de red, para que todos, de hecho, comiencen a trabajar cada vez más juntos, oírse y apoyarse unos a los otros. Y juntos discernir el camino que se debe seguir.

¿Cómo fue surgiendo la REPAM?

Poco a poco se fue dando un contacto mayor dentro de la Amazonia, entre obispos de ambos lados de la frontera, comenzando un trabajo y una toma de conciencia de que es necesario crear alguna forma, algún servicio más organizado de trabajo conjunto.

En esa relación nacida de los encuentros de frontera surgió esa idea de un servicio específico, que fue creado en 2014, en Brasilia. Fue llevada inmediatamente a Roma esa creación, se la presentamos al Papa, estaba conmigo Monseñor Pedro Barreto, Arzobispo en Perú, Vicepresidente de la REPAM.

Fue algo que él ya conocía, pero al presentárselo oficialmente quedó muy feliz y lleno de esperanza, dándonos valentía para continuar trabajando. Hasta hoy constantemente pregunta y se interesa por la Amazonia, por la REPAM, por las actividades.

¿Cómo ha ido caminando la REPAM en este tiempo?

La REPAM incluye casi cien diócesis y prelaturas. Por eso, en el comienzo nos preguntábamos si eso iba a funcionar, una red tan grande, con tantas cosas implicadas, queriendo abrazar al mundo. Teníamos miedo, recelo de que eso no fuese a conseguir criar raíces. Pero nosotros fuimos con confianza, meditando que debía ser un kairós de Dios, mucho más ahora con el Sínodo, y que Dios estaba presente en este nacimiento de esta red.

Todo ello a partir de la gran preocupación que la Iglesia tiene hoy de ser una Iglesia con rostro amazónico, que debe renovarse a partir de un nuevo discernimiento sobre cómo ser Iglesia misionera en esa región. Y no apenas una Iglesia misionera que se ocupa apenas de las cuestiones religiosas, sino también de todo aquello que forma parte de la dimensión socio-ambiental, política, económica, como aparece en la Laudato Si, que es una especie de Carta Magna, como también la opción preferencial por los pobres es el gran principio, pues nuestra gran preocupación, sin ninguna duda, son los pueblos indígenas originarios de esa región, junto con los ribereños, descendientes de esclavos, también en las periferias de las grandes ciudades, donde ya existe el fenómeno del indio urbano, con todas sus problemáticas.

¿Cuál es el modo de organización de la REPAM?

Para poder funcionar surgió la idea de crear ejes temáticos: el primero pueblos indígenas, para ocuparse de sus derechos, órganos, injusticias cometidas, su evangelización, derechos, demarcación de tierras.

En segundo lugar la formación y pastoral, formar agentes locales, sea en términos misioneros y religiosos, pero también en otras áreas, como derechos humanos, con un curso impartido por la Universidad Católica del Ecuador, para en las comunidades indígenas formar agentes que puedan asumir los trabajos, hacer el levantamiento cuando, por ejemplo, hay una violación de los derechos humanos, que sean ellos mismos quienes llevan eso para los tribunales, que asuman su historia, que tengan el derecho y el espacio suficiente para que sean sujetos, protagonistas de su propia historia.

Formación en pastoral, qué tipo de pastoral hacer en esas áreas, porque la Iglesia se dió cuenta que allí es necesaria una pastoral diferenciada, una Iglesia con rostro amazónico significa que no es igual a la de otros lugares.

El tercer eje es el de los derechos humanos, que es una de las grandes llaves, de las grandes tristezas de estos pueblos, la violación de sus derechos humanos, de pueblo, de autodeterminación, a tierra, educación, seguridad.

Otro eje es el alternativas de desarrollo, necesitamos otros modelos de desarrollo, que no sea el modelo capitalista opresor y explotador, sino buscar alternativas, otros modelos de desarrollo que respeten la realidad socio-ambiental de esa región amazónica. Como decía el Papa a los obispos de Brasil en 2013, en la Jornada Mundial de la Juventud, al hablar de la Iglesia en la Amazonia, ésta no debe ser como aquellos que van y llenan su bolso de dinero explotando y extrayendo y después se van dejando la degradación, la miseria y la gente de allí no recibe absolutamente nada. La Iglesia va a defender a la gente, estar junto a él, caminar lado a lado.

El quinto eje son las Iglesias de frontera, cómo hacer algunos encuentros especiales de discusión y discernimiento, porque la Amazonia es muy diferenciada tanto en su historia como en sus pueblos. Pero al mismo tiempo existe una gran parte de cosas comunes. El sexto eje es la comunicación, aspecto fundamental para crear red y espíritu de red y hacer funcionar esa red.

El séptimo eje son las redes internacionales, pues existen muchas agencias internacionales católicas que tienen gran interés en que la Amazonia no sea perdida, ión y pastoral, derechos humanos, alternativas de desarrollo, Iglesias de frontera, comunicación, redes internacionales, mapeamiento e investigación:depredada, sino preservada dentro de nuevos modelos de desarrollo. Son redes que nos apoyan y que de alguna forma hacen parte de la REPAM, aunque sean agencias. Nos ayudan económicamente, a pesar de que queremos trabajar con los menores costes, siguiendo el ejemplo de una Iglesia pobre, para los pobres y con los pobres, y también con asesoría técnica.

Finalmente el mapeamiento y la investigación, un comité que hace el mapeamiento de la realidad panamazónica. La Iglesia y la sociedad necesitan un gran mapa, que no servirá apenas para la REPAM, sino también para las universidades. Algo que ya se está haciendo en unión con algunas universidades católicas.

¿Cómo discernir el camino que se debe seguir?

El Papa ha convocado un Sínodo para la Panamazonia, a los obispos que viven en esa región. Algunos episcopados decían siempre que estaban de espaldas para la Amazonia, elaborando muy pocas cosas a partir del hecho de que la Amazonia es una región que tiene necesidades propias, que exige una evangelización diferenciada.

En el caso de Brasil durante mucho tiempo estuvimos ignorando la Amazonia, pero poco a poco, hace 42 años que soy obispo, y conozco un poco sobre la relación de la Conferencia con la Amazonia en este tiempo, se fue despertando la conciencia del episcopado brasileño en relación a nuestra Amazonia.

Después de la Campaña de la Fraternidad en 2002 se creó una comisión de obispos para la Amazonia para hacer establecer un contacto y mantener viva la preocupación y solidaridad de la Iglesia de Brasil con relación a la Amazonia.

¿Cuál es la importancia del Sínodo para la Iglesia y la sociedad de la Panamazonia?

Es de una importancia fundamental, histórica, pues la Amazonia está pasando por un mundo en el que se está definiendo su futuro. El Papa Francisco vino con la Laudato Si, que ayudó al mundo, pero sobretodo a nosotros los cristianos a pensar más concretamente sobre el sentido de la Amazonia, su misión, su vocación, no sólo como Iglesia, sino también como región, como área socio-ambiental.

El sínodo convoca a la Iglesia de esa gran región, que son nueve países para que piense, reflexione, haga un nuevo discernimiento sobre la cuestión de la Amazonia como realidad ambiental, ecológica, socio-ambiental, climática, toda esa gran problemática en relación a aquello que la Iglesia cree y es, en relación al Evangelio, a Jesucristo. Cómo es que se posiciona la Iglesia ante este gran momento histórico de la Amazonia.

Al mismo tiempo, el Sínodo nos dará un nuevo impulso, mayor valentía, nuevas líneas, caminos, métodos para trabajar dentro de aquella área. Con aquello que Juan Pablo II nos decía, con nuevo ardor misionero. Una Iglesia que reflexiona sobre la dimensión misionera con nuevo ardor, métodos y expresiones.

El Papa Francisco ha puesto como objetivo principal del Sínodo, nuevos caminos para la evangelización de la Amazonia. ¿Desde dónde pueden ser enfocados esos nuevos caminos?

Sobretodo a partir de aquello que él mismo nos dice en la Evangelii Gaudium, cómo ser una Iglesia misionera hoy, cómo ser una Iglesia misericordiosa, cómo ser una Iglesia pobre y para los pobres. Y después en la Laudato Si, cómo ser una Iglesia que de hecho se toma en serio y vive con seriedad y actúa dentro de la gran problemática socio-ambiental del mundo actual y de modo especial de la Amazonia.

Significa por tanto, buscar nuevos caminos, nuevos métodos de evangelización, cómo es que la Iglesia de hoy puede de hecho definir nuevos métodos de trabajo, la presencia de la Iglesia entre los pueblos indígenas, entre los ribereños, entre los pueblos originarios. ¿La Iglesia está suficientemente entre esos pueblos? ¿A partir de la estructura de la Iglesia, ella consigue hacer eso o sería necesario cambiar algunas estructuras, algunos métodos de trabajo para que pueda caminar y vivir junto con la gente, defender aquella gente?

La Iglesia católica estuvo estructurada tradicionalmente a partir del ministerio ordenado. En la Amazonia, ante el poco clero y el gran número de comunidades, ¿cómo resolver ese problema actualmente, cómo conseguir hacer realidad un nuevo modo de ser sacerdote o presencia eclesial en las comunidades de la Amazonia?

Eso es lo que el sínodo probablemente, uno cree, que irá a discutir. Desde mi punto de vista deberá discutir toda esa estructura pastoral, de presencia de ministros ordenados junto con la población, pues hay una gran falta de ministros ordenados junto a la población.

Todavía más, esos ministros tienen que ser provenientes de la propia población. Sin eso, la Iglesia no habrá terminado su trabajo de misión propiamente dicha, en cuanto no tenga clero de allí de la región, clero indígena, ribereño, que vive con su pueblo, que en su cultura vive el Evangelio.

¿Un clero que puede tener unas características diferentes de las actuales en la Iglesia católica? ¿Podemos hablar de "viri probati" o de otras situaciones que pueden formar parte de la Iglesia de la Amazonia?

Digo exactamente que esas son temas que están siendo traídos para que eventualmente sean discutidos. Es el sínodo el que va a decidir si va a discutir y de que forma va a discernir esas interpelaciones.

En ese sentido, ¿podemos decir que el Papa Francisco ha mostrado a la Iglesia que no podemos tener miedo de discutir las diferentes problemáticas?

El Papa dijo a los obispos en Brasil que presenten propuestas valientes.

¿Cuál debe ser el papel de los pueblos indígenas en el Sínodo?

Deben participar de la mayor forma posible. Está claro que es un Sínodo de obispos y serán ellos quienes tendrán voto, pero es un trabajo que será realizado con otros que no sean obispos, bien sea sacerdotes, laicos, especialistas.

En ese caso, como va a suceder con el Sínodo de los jóvenes, donde se supone que va a haber un buen número de jóvenes participando de alguna forma, del mismo modo también se espera que muchos indígenas puedan estar participando directamente.

http://blog.pucp.edu.pe/blog/buenavoz/2018/01/27/comienza-en-puerto-maldonado-la-preparacion-del-sinodo-para-la-amazonia-2019/


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