domingo, 27 de marzo de 2011

LOS SETENTA AÑOS DEL INSTITUTO SECULAR FIELES SIERVAS DE JESÚS



Con la puntualidad y generosidad de siempre, Lucía Alvear nos envía buenas noticias para agradecer y pedir al Señor. FOTOS:
Consejo General actual, de izquierda a derecha, Martha Lucía Bedoya, Tesorera, Elvirita Barceló, Consejera, Gloria Guerrero, Consejera, Lucía Alvear, Directora General, Luz Marina Bermúdez, Consejera, Araceli Londoño, Consejera, Estela López Secretaria.
Merceditas,fundadora. ,
LOS SETENTA AÑOS DEL INSTITUTO SECULAR FIELES SIERVAS DE JESÚS
P. Carlos Guillermo Alvarez G., eudista. Marzo 25, 2011
En la Fiesta Patronal en la Casa Servir en Bogotá

Cuando en 1939 se encontraron y conocieron el Padre Andrés y Merceditas, eran dos personas que habían tomado ya una opción radical en su vida. El Padre Andrés había sido ordenado sacerdote eudista desde hacía 21 años y Merceditas había decidido consagrar su vida al Señor y al Evangelio desde hacia dos años.
Cuando los dos personajes se conocieron, el Padre Andrés tenía 47 años y Merceditas 28. El uno ya estaba maduro para el trabajo apostólico y por su dedicación a la obra formadora en la Iglesia; la otra era un alma sedienta del agua viva que sacia y fortalece, pero apenas iniciando su camino de entrega y consagración.
Hubo encuentro, empatía, entendimiento entre los dos, y el Señor comenzó en ellos una obra de edificación y misión, que casi dos años después se concretó en la fundación del Instituto Fieles Siervas de Jesús.
Releyendo las crónicas de Merceditas sobre ese 25 de Marzo de 1941, le queda a uno el sabor de simplicidad, de pobreza y abajamiento. Celebrar juntas las tres fundadoras una Eucaristía de inauguración, con el Padre Andrés como presidente, en medio de un grupo de niñas reunidas, pero sin decir nada, ni proclamar nada, ni anunciar nada, es algo duro de aceptar hoy. Fue un comenzar en silencio la obra de Dios, pero confiadas en que el SÍ de las tres a Dios podía ser una semilla que iba a florecer con vitalidad y fuerza.
Setenta años después estamos nosotros reunidos, hacemos una fiesta maravillosa de fraternidad y de gozo, celebramos las maravillas del Señor en tantos lugares y personas y proclamamos abiertamente que el Instituto es una obra de Iglesia, un árbol fecundo que extiende sus ramas por varios países y ofrece un camino de santidad a tantos hombres y mujeres que buscan la perfección.
El “sí” callado de Merceditas, de Josefina y de Helena tenía, sin embargo, mucho que ver con el “Fiat” de María, en una pequeña y olvidada casa de Nazaret. Así, como más tarde, Natanael iba a decir de su futuro Maestro: “¿De Nazaret podrá salir algo bueno?” (Jn 1,46), así también de este pequeño grupo de tres mujeres deseosas de Dios, se podría preguntar: “¿De estas tres jóvenes que dan su Sí a Dios, podrá brotar algo interesante?”
Hoy celebramos la solemnidad de la Encarnación, recordamos el Sí de María a la misión que Dios le entregaba y hacemos memoria del “Fiat” de las primeras Fieles Siervas de Jesús.
Déjenme, entonces, remontarme más atrás, a una página del Cardenal Pedro de Bérulle, en la que comenta el “Fiat” de María. Es una página que marcó la vida del Padre Eudes, la vida del Padre Basset, la vida de Merceditas. Es una página que nos puede marcar también a nosotros en el cumplimiento de nuestra misión y en la comprensión de lo grande que puede ser un sencillo sí a Dios que nos llama y nos confía una tarea en el mundo.
Lucas nos dice en el texto de la anunciación que Gabriel, el mensajero de Dios, entra en casa de María, saluda, entrega una misión, escucha las inquietudes, responde y aclara, aguarda una respuesta de María y se va de nuevo al lugar de Dios. Es la casa de María, ya no el templo, el lugar de la presencia maravillosa de Dios, el sitio donde el Señor quiere venir a residir y acres carne. Hay un cambio de residencia, que todavía hoy no hemos alcanzado a comprender y vivir en plenitud. El Señor quiere dejar el templo para venirse a vivir en el corazón y en la vida de los creyentes para siempre.
María pregunta: “¿Cómo podrá ser esto?” El ángel le aclara y le habla de Jesús que quiere vivir y reinar en ella y María se compromete. Berúlle escribe:
“La Virgen asiente a la palabra del ángel, obedece a la de Dios y dice: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Luc 1,38)
Esta palabra de la Virgen no es una palabra de piedad rutinaria y de sentido trivial. Es una humilde y egregia palabra que alegra el cielo, realiza la salvación del universo y arranca de los cielos al Verbo eterno para traerlo a la tierra. Cuando esta virgen humilde, callada y modesta abre su boca para proferirla, se encuentra en manos del Verbo eterno que la acompaña, que va a encarnarse en ella, que la desea por madre. Es este divino Verbo el que le inspira esa palabra y le comunica esta actitud.
La última palabra de la Virgen al ángel es muy diferente de la primera. Ya no es una palabra de extrañeza, como la anterior, sino de consentimiento. No es averiguación humana, sino determinación divina. No es una palabra de vacilación, sino de acatamiento vivo y ardiente del querer y de la obra de Dios. Es una excelsa, memorable y preciosa palabra; una palabra de gracia, de amor y de vida, de una vida que nunca ha de terminar. Porque esa palabra da la vida al Dios vivo y le comunica un estado desde ahora eterno al Hijo eterno del mismo Dios”.
Contemplemos lo que puede lograr un sí a Dios y pensemos en nuestra respuesta a la vocación de Dios. Es entrega y apertura a Dios, pero es también la posibilidad de que Dios haga maravillas en nosotros y a través de nosotros, porque él quiere establecer su reino en el mundo.
Y continúa el Cardenal de Bérulle: “¡Qué poderosa, fecunda y feliz es esta palabra! ¡Cuántos secretos, gracias y efectos contiene! Con justa razón la Virgen la profiere en un momento para ella tan santo y feliz, en el momento de mayor poder y de la mayor fecundidad que pueda comunicarse a una creatura, cuando ella va a concebir y producir al Verbo encarnado, que es la virtud, la luz y el poder del Padre.
Cuando la Virgen profiere esta palabra se encuentra sumergida en una gracia singular, en un estado divino, en una actitud admirable que la hace producir actos y efectos excelentes. En ese momento ella se rebaja y, al rebajarse, es exaltada más alto que los cielos. Allí se pierde en las manos de su Dios, como una nada ante su Creador y llega a ser Madre de su mismo Creador. Entonces ella penetra en sus grandezas mediante sus humillaciones; penetra en su maternidad mediante su virginidad, penetra en la soberanía a través de la obediencia. Se hace la Sierva del Señor y llegar a ser la Madre del Señor. Madre y sierva al mismo tiempo, siempre madre y siempre sierva, como su Hijo es Dios y Hombre, siempre Dios y siempre hombre.
Entonces, ella también, permaneciendo virgen, llega a ser madre: dos beneficios de la corte celestial, hasta ese día incompatibles, que en ese instante se juntaron en María en atención a su misión y a su persona. De tal manera que no solamente se conserva su virginidad, sino que se sublima, se corona y florece más que nunca por esa maternidad; y su maternidad es santamente preparada, felizmente alcanzada y divinamente realizada en su virginidad”, (Vida de Jesús, 15)
El “Fiat” de María dio paso al misterio de la Encarnación del Verbo, a la presencia definitiva de Dios en nosotros y a la transformación de nuestra historia. El “Sí” de tres mujeres valientes abrió perspectivas nuevas a muchas mujeres que, en América Latina, querían consagrar su vida a Dios en medio de las actividades seculares, y dio inicio creativamente a un nuevo estilo de santidad. El “Sí” de nuestro hoy nos invita a mirar con ilusión hacia el futuro y nos permite esperar nuevos caminos de entrega y consagración que hagan válida y atrayente la vocación laical en medio del mundo.
Demos gracias a Dios por estos setenta años del Instituto, honremos la memoria de las pioneras, que abrieron caminos nuevos de consagración y comprometámonos nosotros en ser audaces y creativos, para vivir nuestra vocación a la santidad en la Escuela de Jesús, el Maestro siempre actual

1 comentarios:

  1. Excelente comentario de padre Berulle un SI que le da un nuevo aire un nuevo sentido a mi vida

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