martes, 26 de julio de 2022

PARA EN TODO AMAR Y SERVIR (APOSTANDO POR LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES) 500 AÑOS DE UNA CONVERSIÓN. CONCRETEMOS. Mons. J.I. Munilla

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PARA EN TODO AMAR Y SERVIR (APOSTANDO POR LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES)

500 AÑOS DE UNA CONVERSIÓN. CONCRETEMOS.

Los sueños que Dios ha depositado en lo más profundo de nuestro corazón forman el pentagrama en el que Dios se dispone a escribir la historia de salvación en cada uno de nosotros. Malo será confundir la esperanza con nuestros deseos devaluados, pero tampoco debemos tener miedo a explorar los auténticos deseos que anidan en cada uno de nosotros, porque son reveladores de la plenitud que Dios quiere concedernos.

Íñigo de Loyola fue un hombre profundamente apasionado, en cuyo corazón bullían multitud de deseos… Comenzó buscando la gloria de este mundo, para finalmente, terminar descubriendo que solo la búsqueda de la gloria de Dios es capaz de saciar el deseo de plenitud que tiene todo hombre.

Cada uno de nosotros necesita recorrer un camino similar hasta llegar a entender que nuestro deseo de felicidad coincide al milímetro con la llamada a la santidad que Jesús nos dirige en su Evangelio. Ser feliz y ser santo no son dos cosas distintas, sino una misma realidad vista desde dos ángulos: desde el corazón del hombre y desde la revelación de Dios. Cuando uno llega a esta profunda convicción podemos decir que ha experimentado su primera conversión.

Concluimos la celebración de los 500 años de aquella primera conversión de San Ignacio, acontecida durante su convalecencia en Loyola. Es de justicia que nos hagamos ahora la pregunta sobre cuál pueda ser la principal conclusión o aportación de este año conmemorativo que se inició el 20 de mayo de 2021 y se ha extendido hasta el 31 de julio de 2022. Sería de lamentar que todo hubiese quedado reducido a unos actos conmemorativos.

Pues bien, he aquí el instrumento más práctico y eficaz dado a luz por San Ignacio tras su primera conversión: los Ejercicios Espirituales. En ellos encontramos un itinerario luminoso para vivir nuestra existencia en permanente estado de conversión, más allá de nuestras miserias, en la esperanza de que el Espíritu Santo coronará la obra buena que comenzó en nosotros.

TE PRESENTO ESTE TESORO…

Los Ejercicios Espirituales que San Ignacio de Loyola recibió del Espíritu Santo y entregó a la Iglesia, han marcado la vida de muchos de nosotros. Gracias a ellos hemos experimentado la grandeza del amor de Dios, y bajo su mirada hemos comprendido lo que es el hombre y quiénes somos; nuestra identidad más profunda. Nos han mostrado cómo conocer y amar al Padre y cómo vivir nuestra condición de hijos de Dios. Hemos encontrado un cauce seguro para perseverar en el camino emprendido en el bautismo.

Ciertamente, los Ejercicios Espirituales de San Ignacio no son un legado para unos pocos, sino para la Iglesia Universal. Se trata de un tesoro que ha sido encarecidamente recomendado en el magisterio de muchos Papas y, por supuesto, testimoniado por aquellos que se han introducido en él en primera persona. En concreto, el Papa Francisco ha propuesto los Ejercicios Espirituales como camino para adentrarnos en una profunda experiencia de Dios, sin limitarnos a 'hablar de oídas': «Quien vive los ejercicios espirituales de modo auténtico experimenta la atracción, el encanto de Dios, y vuelve renovado, transfigurado a la vida ordinaria, al ministerio, a las relaciones cotidianas, trayendo consigo el perfume de Dios».

Es obvio que Íñigo de Loyola nunca imaginó que la experiencia de renovación interior que vivió en Manresa, que ha quedado plasmada en los Ejercicios Espirituales, pudiera llegar a cambiar el rumbo y la vida de millones de personas a lo largo de estos cinco siglos.

TE LO RECOMIENDO…

A ti, sacerdote

A ti, hermano sacerdote, que como Marta tienes el peligro de estar ocupado en las cosas de Dios, pero sin la debida relación personal con nuestro Señor Jesucristo (cfr. Lc 10, 38ss). A ti que necesitas acoger la invitación de Jesús: "Venid a mí los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré" (Mt 11, 28). A ti que te sientes interpelado cada vez que escuchas las palabras del ángel a la Iglesia en Éfeso: "Conozco tus obras, tu fatiga, tu perseverancia, que no puedes soportar a los malvados, y que has puesto a prueba a los que se llaman apóstoles, pero no lo son, y has descubierto que son mentirosos. Tienes perseverancia y has sufrido por mi nombre y no has desfallecido. Pero tengo contra ti que has abandonado tu amor primero" (Ap 2, 2-3). Se trata de responder al proyecto de Dios sobre nuestra vida y servir con alegría siendo testigos del Evangelio.

A ti, consagrado

Hago mías las palabras de Benedicto XVI en el marco de una reunión con la FIES, a la hora de invitarte a ti, consagrado o consagrada: "Junto a otras formas muy loables de retiro espiritual, no debe nunca faltar la participación en los Ejercicios Espirituales, caracterizados por ese clima de silencio completo y profundo, que favorece el encuentro personal y comunitario con Dios y la contemplación del rostro de Cristo".

Los Ejercicios Espirituales son para los consagrados un instrumento privilegiado para renovar su relación esponsal con Jesucristo. Y es que a veces es necesario acudir al desierto para poder escuchar las palabras del esposo con quien convivimos habitualmente. Así lo sugiere el profeta Oseas: "Le pediré cuentas de los días en que quemaba incienso a los ídolos. Ataviada con su anillo y su collar, corría detrás de sus amantes, y a mí, me olvidaba —oráculo del Señor—. Por eso, yo la persuado, la llevo al desierto, le hablo al corazón, le entrego allí mismo sus viñedos, y hago del valle de Acor una puerta de esperanza. Allí responderá como en los días de su juventud, como el día de su salida de Egipto. Aquel día —oráculo del Señor— me llamarás 'esposo mío', y ya no me llamarás 'mi amo'" (Oseas 2, 15-18).

A ti, laico.

En el momento presente disponemos, gracias a Dios, de diversos instrumentos para un primer anuncio del Evangelio, que están permitiendo que muchas personas vivan la experiencia de un profundo encuentro con Cristo que cambia el rumbo de sus vidas. Sin duda este tipo de retiros de impacto inicial son un gran kairós -un tiempo de gracia- para la Iglesia. Se trata de experiencias especialmente vivas e intensas, pero que han sido diseñadas para ser realizadas una vez en la vida, sin la pretensión de reiteración. Por ello, es claro que estas experiencias fuertes de encuentro con Cristo conviene que sean acompañadas, en el devenir de la vida, a través de la propuesta de los Ejercicios Espirituales, como gran ayuda para su consolidación y para iluminar todos los discernimientos necesarios tras producirse esta primera conversión, integrando así los Ejercicios Espirituales en un itinerario de Nueva Evangelización.

A ti, comunidad parroquial.

Por otra parte, por lo que se refiere a la vida ordinaria de nuestras parroquias, la oferta de los Ejercicios Espirituales sale al paso del peligro de que la vida pastoral parroquial quede circunscrita a una serie de "servicios". La parroquia está llamada a ser, ante todo y sobre todo, el lugar de encuentro personal y comunitario con el Resucitado. Por ello, ante el riesgo de que algunos fieles puedan tener tan solo una experiencia superficial de Dios, la integración de los Ejercicios Espirituales en la vida parroquial ofrecerá el espacio adecuado para el encuentro de conversión.

Añadamos a esto último que los Ejercicios Espirituales anuales serán la mejor forma de alimentar y renovar a los agentes de pastoral que sirven al conjunto de la comunidad cristiana de forma fiel y abnegada.

APRENDER A ACOMPAÑAR EN LA EXPERIENCIA DE LOS EJERCICIOS

No cabe duda de que para poder vivir esta experiencia de los Ejercicios, es necesario que haya personas dispuestas a formarse con la intención de poder acompañar en el camino. San Ignacio nos dejó el itinerario o recorrido de los Ejercicios de una manera muy bellamente estructurada, pero es necesario profundizar en su espiritualidad y en el acompañamiento para poder ser unos buenos instrumentos del Señor, a la hora de ofrecer los Ejercicios Espirituales. Para esto se necesita ponerse en la actitud del discípulo. De esta manera se podrá mostrar a otros la fuerza poderosa que tiene en el alma.

Como ayuda, desde nuestra Diócesis nos disponemos a ofrecer dos instrumentos de formación:

El primero tendrá lugar en la Cátedra de Espiritualidad San Juan de Ávila del Instituto Teológico "Cor Christi" de Alicante, los martes por la mañana, a lo largo del curso 2022-2023: Se impartirá un curso de capacitación sobre «Dirección espiritual y Ejercicios Espirituales». Profesores expertos en espiritualidad cristiana nos enseñarán este arte de la dirección y de la predicación de los Ejercicios espirituales. Está dirigido a seminaristas, sacerdotes, consagrados y laicos que se sientan llamados a participar en este gran reto de poner los Ejercicios Espirituales, al mismo tiempo que el acompañamiento espiritual, en el centro de la propuesta pastoral eclesial.

El segundo será una serie de videos formativos sobre el mismo tema que en un tono más divulgativo, iremos colgando en el canal de YouTube de nuestra Diócesis de Orihuela-Alicante.

ENTRENANDO MISIONEROS PARA FORMAR SANTOS.

Me atrevo a pediros, de corazón, que nos pongamos todos en camino, con la mano fuertemente asida en el arado, con los ojos fijos en el que completa y alimenta nuestra fe: Cristo. Tomemos todos los medios que la Iglesia, Madre y Maestra, como depositaria de los tesoros divinos, pone a nuestro alcance. Y, de un modo concreto, los Ejercicios Espirituales de San Ignacio. Se trata de crear un nuevo estilo de vida en el que la contemplación, la meditación, el discernimiento y el sentir con la Iglesia formen parte de nuestra vida cotidiana y nos acompañen a lo largo de toda la vida.

Alguien dijo que "solo los enamorados enamoran". Descubrir el amor de Dios y experimentarlo lleva a concentrar todas nuestras energías en que Él sea conocido y amado por todos. Los Ejercicios Espirituales difieren mucho de otros métodos autorreferenciales que proliferan en nuestros días. No buscan como fin último el sentirse bien, sino ser ofrenda de amor para el mundo y, para ello, ordenar nuestra vida, de forma que en todo busquemos amar y servir, para mayor gloria de Dios.

Se da también la circunstancia de que se cumplen 100 años de la proclamación de San Ignacio de Loyola como Celestial Patrono de los Ejercicios Espirituales. Así lo hizo Pio XI el 25 de julio de 1922, en su Constitución Apostólica "Summorum Pontificum".

Pues lo dicho: "Para en todo amar y servir, apostemos por los Ejercicios Espirituales."

+ José Ignacio Munilla Aguirre
Obispo de Orihuela-Alicante

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miércoles, 25 de mayo de 2022

TIEMPO PARA GOZAR DE LAVIDA EN FAMILIA-FENIS

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TIEMPO PARA GOZAR DE LA VIDA EN FAMILIA-FENIS

Los 30 años de la FENIS, celebrados virtualmente el 15 de mayo del 2022, nos dejan entre entrañables momentos entre los que registramos en primer lugar la presencia de Monseñor Lizardo Estrada - Presidente de la Comisión Episcopal de Vida Consagrada, y nuevos participantes como invitados miembros de nuevos institutos. Con gozo vimos que en algún momento llegaron a 70 los conectados vía zoom. Disfrutamos de la sustanciosa ponencia de Monseñor Lizardo acerca de la sinodalidad; pudimos conocernos todos un poco más, compartimos nuestra vocación y algunas de nuestras vivencias y celebramos el don de caminar juntos que, sin duda, es sinodalidad y de la buena. Muchas gracias a las Hijas de Santa Ana por tan excelente coordinación a favor de toda la familia FENIS que nos brindó una tarde plena, en la que no faltó ni la memoria de las fundadoras como Nilda Torres ni la el desafío de las nuevas y el entusiasmo del equipo encabezado por Bea.

Siete días después, ahora sí, de modo presencial, continuamos y completamos la celebración de modo pleno, con misa y con mesa. Gracias a la hospitalidad de las Cruzadas de Santa María nos reunimos en su Hogar de Lince, en el que vivimos un ratito de cielo en la esplendorosa y recoleta capilla de la Anunciación, presidida por bello mosaico elaborado por el Centro Aletti del Taller Don Bosco, fundado por el célebre jesuita P. M. I. Rupnik. En la homilía, Monseñor Lizardo -sensiblemente emocionado por este primer encuentro- nos habló del tesoro de nuestra vida cristiana y nos animó con frases agustinianas a escuchar, conocer, seguir a Cristo, en el calor del Espíritu Santo, viviendo alegres y vigilantes nuestra vocación a la santidad, como Santa María.

Tras la devota misa, la sustanciosa mesa con entretenida sobremesa en la que fuimos compartiendo nuestras vidas, nuestros institutos, manifestando algunas de las inquietudes como el mantener la reserva sin menoscabo de nuestro luminoso y feliz testimonio, al que se sumó el gratísimo de Monseñor Lizardo a quien sentimos uno de los nuestros. Gracias Monseñor por brindarnos una Iglesia que es corazón paternal y misericordioso, virgen y madre fecunda a un tiempo, que a todos nos dejó con ganas de volvernos a encontrar. 

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martes, 10 de mayo de 2022

SAN CARLOS DE FOUCAULD, NUESTRO GIGANTE HERMANITO

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SAN CARLOS DE FOUCAULD, NUESTRO GIGANTE HERMANITO

José Antonio Benito

Sí, Hermano Carlos, en la fiesta del humilde campesino y patrono de Madrid san Isidro Labrador, un día muy querido para mí, domingo 15 de mayo del 2022, el Papa Francisco te canoniza y propone como modelo para todos. Nuestra Iglesia, Madre y Maestra, desborda de gozo por sentirte como hijo preclaro; de igual modo, la humanidad entera te agradece por querer ser el "hermano de todos".

Recordemos que naciste en Estrasburgo (Francia) el 15 de septiembre de 1858, en una familia noble. Tres años después nació tu hermana María y a los 6 años quedaste huérfano de padre y madre, por lo que fuiste adoptado por el abuelo materno. Ésta será una de las causas de tu dolorosa adolescencia sin rumbo alguno lo que degenera en una vida desordenada, deseosa de aventureras. Te incorporas a la carrera militar, vas a Argelia (Norte de África) y allí te encuentras con el mundo del Islam. Abandonas la carrera militar y te vuelves científico, viajero y explorador por Marruecos, logrando que la Sociedad de Geografía de París premie tu investigación. En la capital de tu patria, y de la mano de tu prima y del P. Huvelin logras la conversión en una búsqueda permanente de Dios. Tu constante oración será: "Dios mío si existes, haz que te conozca". El itinerario iniciado tras las huellas de Jesús te llevará a Tierra Santa para conocer el país de Jesús. Luego sientes la llamada a la vida consagrada y te haces monje trapense. Tu búsqueda continúa, dejas la Trapa y te conviertes en un simple jardinero de las Hermanas Clarisas de Nazareth solo con la finalidad de seguir más de cerca a Jesús de Nazareth. Más adelante, descubres que la vida de Nazareth no consiste en un lugar sino en un estilo de vida como la que acometerás entre las personas más abandonadas, más vulnerables. Ordenado sacerdote a los 43 años (1901), decides ir al desierto del Sahara argelino, primero a Beni Abbès, pobre entre los más pobres, y luego más al sur, a Tamanrasset, con los tuareg del Hoggar. Allá estudias su idioma y hasta elaboras un diccionario tuareg -francés y traduces los Evangelios, ofreciendo tu amistad y dándote del todo para evangelizar de modo integral, tanto mediante la oración y la prédica como la promoción humana.

En 1914, estalla la Primera Guerra Mundial, y está tentado de ir al frente, en Francia. En 1915 hace construir un fortín para proteger a la gente del pueblo, y se establece en él para estar más cerca de ellos, con ellos. Engañado por uno de los que él había ayudado, abre la puerta del fortín: enseguida, es apresado y maniatado por una banda de senusistas. Mientras se dedican al saqueo, dejan a un adolescente encargado de vigilarlo. De repente, al creer que están llegando unos soldados adversos, se pone nervioso y le da un disparo en la cabeza. Su cuerpo queda en la arena en el desierto como un grano de trigo que muere para dar fruto. Corría un 1° de diciembre de 1916. Contabas tan solo 58 años. Benedicto XVI te beatificó en 2005.

Entre varios de los libros dedicados a tu vida y misión destaco el de Pablo D' Ors El olvido de sí. Una aventura cristiana (Pre-textos, Valencia, 2013, pp.386). Tu de por sí apasionante vida, se torna en fascinante en esta poética biografía novelada en primera persona, de tú a tú. De ella rescato tu compleja personalidad de inquieto buscador de Dios que para convertirte en "hermano de todos" te olvidado de sí y te identificas totalmente con el humilde obrero de Nazareth. Como los grandes buscadores, san Agustín, san Juan de la Cruz, santa Teresa de Jesús, sentimos que nos va la vida en ello, de ahí que cualquiera de sus páginas puede ser motivo de autoanálisis introspectivo, subsidio de oración contemplativa, recreación literaria que nos plenifica. Menciono también la entrañable semblanza de una de tus seguidoras en España, Margarita Saldaña y que titula de modo elocuente "El hermano inacabado" (Sal Terrae, 2022). Por último, recuerdo con emoción el texto que te dedicó el Santo Padre, al concluir su encíclica: Fratelli tutti

En este espacio de reflexión sobre la fraternidad universal,..quiero terminar recordando a otra persona de profunda fe, quien, desde su intensa experiencia de Dios, hizo un camino de transformación hasta sentirse hermano de todos…Que Dios inspire ese sueño en cada uno de nosotros. Amén" (n. 286). 

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domingo, 8 de mayo de 2022

NUEVA BEATA AGUCHITA, CORAZÓN SINODAL EN LA SELVA DEL PERÚ

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NUEVA BEATA AGUCHITA, CORAZÓN SINODAL EN LA SELVA DEL PERÚ

 

José Antonio Benito

 

Gracias a la nueva beata mártir Aguchita, el centro poblado de La Florida, del distrito de Perené, provincia de Chanchamayo, región Junín, parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Puerto Yurinaki, vicariato de San Ramón, en el Perú, se convirtió el sábado 7 de mayo del 2022 en la capital del mundo católico; así lo reconoció al día siguiente, domingo 8, fiesta del Buen Pastor, Jornada de oración por las vocaciones, tras el rezo del Regina Coeli:

Ayer en San Ramón (Perú) fue beatificada María Agustina Rivas López, llamada Aguchita, religiosa de la Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor, asesinada por odio a la fe en 1990. Esta heroica misionera, incluso sabiendo que arriesgaba la vida, permaneció siempre cerca de los pobres, especialmente de las mujeres indígenas y campesinas, testimoniando el Evangelio de la justicia y de la paz. Que su ejemplo pueda suscitar en todos el deseo de servir a Cristo con fidelidad y valentía. Un aplauso a la nueva Beata"[1]

Ha sido la tercera beatificación en nuestra tierra peruana, jornada realmente histórica e inolvidable, tras la de Sor Ana de los Ángeles, el 2 de febrero de 1985 en Arequipa por Juan Pablo II y la de Miguel Tomaszek, Zbigniew Strzalkowski y Alessandro Dordi el 5 de diciembre del 2015 en Chimbote por el Cardenal Angelo Amato.

He podido participar de lleno en la vigilia del viernes 6, en San Ramón, y en la misa de beatificación en La Florida del sábado 7. A pesar de la dificultad de acceso, a mí me ha supuesto 12 horas de transporte desde Lima, miles de fieles se han acercado desde los más diversos lugares del Perú, especialmente desde los rincones más apartados del vicariato.

En mi condición de fiel católico, historiador y reportero de Radio María y PAX TV, he tenido la oportunidad de entrevistar a varios de los protagonistas -Monseñor Salvador Piñeiro, arzobispo de Ayacucho, Su Eminencia Cardenal Baltazar Porras, familiares de Aguchita, hermanas de la congregación del Buen Pastor, sacerdotes del vicariato, voluntarios, pintor del cuadro, músicos, animadores…y gozar de primera mano del acontecimiento único -celebrativo- de la glorificación de uno de los hijos de la Madre Iglesia. ¡Por todo lo alto! En el recóndito y humilde poblado de la Selva central, montañoso, pródigo en productos tropicales como café, cacao, achiote, palta, yuca y plátano.

La periferia se ha convertido en centro, el pobre en bienaventurado, la cruz en luz, la muerte en vida. Aguchita ha creado lazos, tendido puentes, forjado familia. Ha transitado las tres regiones del Perú, nacida en Coracora, sierra ayacuchana, se acrisoló en Lima, costa, y se donó definitivamente en la selva. Tanto en la vigilia preparatoria como en la ceremonia de beatificación sentí el abrazo maternal de Aguchita como recipiente testamentario del Buen Pastor de que "sean uno para que el mundo crea". Su sangre martirial ha sido el rocío fraternal de su familia natural -hoy repartido por medio mundo-, religiosa - Hermanas del Buen Pastor -en varios continentes-, misionera -universal- que ha alegrado la vida de todos los participantes: desde los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos, familias, pobladores; parroquias y movimientos; la iglesia local y la universal; todos la sentíamos muy nuestra, por su sencillez, por su sonrisa, por su entrega servicial, por su santidad. La percibía como la encarnación de la discípula y misionera que evangeliza con gozo, la santa de la puerta de al lado, la referente del Papa Francisco para responder a los desafíos de un mundo globalizado y roto. Ella, desde el anonimato, en el amor cotidiano, escondido y oferente, en magníficat permanente, es la respuesta que necesita el mundo en guerra y el Perú en crisis.

Gracias a nuestra Hermana Aguchita, la iglesia local brinda a la iglesia universal, a todo el mundo, lo mejor de sí, el tesoro siempre antiguo y siempre renovado y fresco de la santidad que supera toda división y mezquindad. Su gran legado es dar vida al patrimonio y reto de la iglesia de nuestro tiempo: la sinodalidad. Ella nos ha ayudado a caminar juntos, a dar lo mejor de sí para compartirlo con el mundo.

Gracias parroquia y vicariato de san Ramón con las comisiones de organización, comunidad de Hermanas del buen Pastor con todos los grupos colaboradores, REPAM… por tan formidable acogida, brindando hospedaje, comida y puntual orientación a los de lejos y de cerca. Como en los congresos misioneros, jornadas mundiales de la juventud, cada peregrino ha recibido de modo gratuito su bolsa-mochila con su gorra, cancionero, mascarilla, botella de agua y alcohol, programa…así como la facilidad para el transporte… y de vuelta para nuestras casas con libro, reliquia, estampa; luz, pasión, desborde; para seguir viviendo tras las huellas del Buen Pastor al estilo de Aguchita, en nuestro ambiente…para florecer donde Dios nos planta, al igual que nuestra nueva Beata en La Florida, hasta dar la vida.

Es el momento de saborear, hacer digestión, asimilar, aplicar, multiplicar, convirtiendo por amor lo ordinario en extraordinario. Y como nos recordó Monseñor Miguel Cabrejos al pedirnos oraciones por nuevas vocaciones: así sea, amén.

Tan sólo me ha quedado una sombra, una pena, una desazón… ¿Por qué los medios "civiles", "públicos" en general no lo publican? ¿Por qué tanto silencio, tanta indiferencia? ¿Por qué tanto interés en las "malas" noticias de la permanente corrupción, el morbo, el ruido? Decía Unamuno que la palabra vana es del tiempo, el silencio de la eternidad. Y Aguchita nos grita y alecciona para hacer realidad el sueño de Francisco en la "querida Amazonía", el Perú y la Humanidad entera.

Como nos alienta el Grupo musical Siembra: "Aguchita, va, perfumando el viento, su vida da, anunciando a Cristo, ternuras da, muy cobijadita, entre pobres va". Basta de lamentarse, fuera las quejas, sobran los espectadores, vamos allá, todos a una, en familia, en comunión, de modo sinodal, que "Aguchita va". Hagamos vida lo que ella rezaba cada día: "Señor, que ves, que puedes, haz de tu miserable, lo que tú quieras". Hagamos nuestra la oración propuesta para su canonización:

Oración ¡Oh Dios! Tú que infundiste en la Beata María Agustina, la virtud de vivir fiel hasta el martirio, testificando el amor, la misericordia, la paz, la justicia y el cuidado de la creación, haz que sepamos imitar su ejemplo de vida, humildad y sencillez. Que por su intercesión podamos alcanzar la gracia del pastoreo ejemplar al servicio de los más vulnerables. Por Cristo, nuestro Señor. Amén

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HOMILÍA EN LA CELEBRACIÓN DE LA BEATIFICACIÓN DE LA MÁRTIR MARÍA AGUSTINA DE JESÚS RIVAS LÓPEZ, AGUCHITA, EN LA FLORIDA, PERÚ, A CARGO DEL CARDENAL BALTAZAR ENRIQUE PORRAS CARDOZO.

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HOMILÍA EN LA CELEBRACIÓN DE LA BEATIFICACIÓN DE LA MÁRTIR MARÍA AGUSTINA DE JESÚS RIVAS LÓPEZ, AGUCHITA, EN LA FLORIDA, PERÚ, A CARGO DEL CARDENAL BALTAZAR ENRIQUE PORRAS CARDOZO.

 La Florida, 7 de mayo de 2022.

 

Los hijos de la selva te alabamos, Señor.

Las aves con sus cantos, los peces y reptiles

las fieras de la Selva te alaban, Señor!

Los pobres y olvidados, con ansias de ser libres,

luchando en su esperanza te alaban Señor.

(canto de entrada)

 

 

Muy queridos hermanos y hermanas

 

Vengo con inmensa alegría, al son del hermoso canto de entrada, junto a "los hijos de la selva, a los pobres y olvidados, luchando en su esperanza, te alabamos Señor". El Papa Francisco está con nosotros de corazón, con su fraternidad, afecto y oración, quien me ha enviado para que lo represente en este hermoso día de la glorificación y elevación a los altares de nuestra mártir "Aguchita".

 

Les confieso que para mí, estar aquí presente, más que el cumplimiento de una misión, muy grata por lo demás, es una gracia muy especial que me enriquece. En efecto, vengo como peregrino a beber en el pozo insondable de la fe y entrega de nuestra mártir, en las que ustedes, originarios de estas tierras, fueron y son, sostén de la esperanza cristiana que han sabido mantener y cultivar en el tiempo, más allá de las contradicciones y asperezas de la vida. Considero, igualmente, una gracia estar en esta tierra peruana, pues, mucho debemos los países de Suramérica a la sombra benéfica de los concilios limeños que nutrieron la vida cristiana de nuestras nacientes comunidades, al igual que a la reflexión y experiencia pastoral que se ha irradiado desde el postconcilio y en la actualidad desde la pastoral panamazónica.

 

Es también para mí, una grata sorpresa, compartir la espiritualidad de la Hermana Agustina, pues fui formado por los Padres Eudistas en el Seminario de Caracas, y entre las actividades que debíamos cumplir, estaba el participar en los retiros y convivencias que tenían lugar en la casa de formación de las Hermanas del Buen Pastor, donde conocimos y admiramos desde adolescentes, el recio carisma de las Hijas de San Juan Eudes y Santa María Eufrasia.

 

Los materiales que fraternalmente me envió Mons. Gerardo Zerdin escritos con pasión y competencia por el P. Alfonso Tapia han sido lectura espiritual, muy propia del tiempo cuaresmal y pascual, haciéndome mucho bien, en la estela de la semilla sembrada por nuestros mayores, hombres y mujeres sencillos de nuestro continente, auténticos transmisores de la fe que se vive en Latinoamérica. Es pues, ocasión propicia para reconocer que, en palabras de Medellín, "la Iglesia ve con alegría la obra realizada con tanta generosidad y expresa su reconocimiento a cuantos han trazado los surcos del Evangelio en nuestras tierras, aquellos que han estado activa y caritativamente presentes en las diversas culturas, especialmente indígenas, del continente: a quienes vienen prolongando la tarea eduadora de la Iglesia en nuestras ciudades y nuestros campos" (Medellín, Conclusiones, introducción, 2).

 

La lectura del Cantar de los Cantares que acabamos de escuchar, es fiel retrato de nuestra mártir; ella tuvo grabado en su brazo, mejor en todo su cuerpo, como un sello en el corazón, a Jesús, porque el amor es más fuerte que la muerte y, ni las aguas torrenciales podrán ahogar el amor que repartió a borbotones. Junto a ella, cantamos "el Señor es mi pastor, nada me falta", porque con Él nada nos faltará.

 

Esta palabra de Dios, proclamada hoy aquí, se cumple, en nuestra santa, y debe cumplirse también en todos nosotros, llamados a ser fieles seguidores desde estas lejanas tierras de la inmensa selva amazónica, marcados con el sello del amor en todo nuestro ser, físico y espiritual, para seguir siendo, semillas de paz y de amor que se irradien y extiendan por el mundo entero.

 

San Pablo, a su vez, lo que parecía una ganancia, lo consideró basura y lo dio por perdido, para ganarse a Cristo. También aquí, queda reflejada la vida y entrega final de nuestra Aguchita, y se convierte en desafío del presente. En efecto, ¿qué significa para nosotros, seguir a Cristo, en medio de las circunstancias actuales, con sus nubarrones, pero también con sus inmensos rayos de luz? La pastoral amazónica es faro luminoso para la región y para el mundo y ustedes son sus protagonistas. Es el sueño cultural, ecológico y eclesial del Papa Francisco, porque "el camino continúa, y la tarea misionera, si quiere desarrollar una Iglesia con rostro amazónico, necesita crecer en una cultura del encuentro hacia una pluriforme armonía…donde debe resonar una y otra vez, el anuncio misionero" (Querida Amazonía, 61).

 

Antes de hacer referencia al Evangelio del Buen Pastor, preguntémonos qué lección y qué tarea nos deja y exige la Hermana Agustina. Me limitaré a señalar algunos rasgos importantes de su legado, pues necesitamos continuar la labor evangelizadora que ella emprendió. Los santos están puestos, para admirarlos, por las obras que Dios ha hecho en ellos, pero más aún, para imitarlos y seguir sus huellas. Es el crecimiento permanente del grano que muere para que dé fruto abundante.

 

En primer lugar, su origen. Hija de esta tierra ayacuchana, fue siempre su querencia primera, referencia e interés permanente en su quehacer, porque de Coracora, como de Nazaret ha salido algo bueno. Por eso, cargada de años, virtudes y añoranzas, aceptó gozosa la obediencia de ser misionera en el Vicariato de San Ramón, a pesar de sus achaques. No lo rehuyó, sino que lo asumió con alegría y entusiasmo.

 

En segundo lugar, la familia fue el vientre nutricio de su vida y de su vocación cristiana. El ejemplo de sus padres, Dámaso y Modesta, fue yunque, primera escuela donde se fraguaron sus virtudes humanas y cristianas. La primera iglesia es el hogar; no desperdiciemos el papel que tienen en la configuración de la personalidad integral de sus miembros. Su alegría al saber que su hermano César abrazaba la vida religiosa como redentorista, fue otro fruto de la siembra familiar. De allí, el trabajo tesonero y la prioridad que debemos dar a la pastoral familiar, más allá de convencionalismos, y de familias truncadas por tantas circunstancias que nos obligan, no a condenar o desechar, sino al contrario, reivindicar el que "con franqueza los condicionamientos culturales, sociales, políticos y económicos, impiden una auténtica vida familiar"; por ello, sin desvincularnos de los problemas reales de las personas, debemos "proponer valores, respondiendo a las expectativas más profundas de la persona humana: su dignidad y la realización plena en la reciprocidad" (Amoris Laetitia, 202 y 201). La Hermana Agustina refirió siempre sus virtudes cristianas, los oficios aprendidos junto a sus padres, la preocupación como hermana mayor de sus numerosos hermanos, la cercanía a la parroquia, a lo aprendido en el hogar.

 

¿Cuáles fueron esas virtudes aprendidas al calor de sus seres queridos?

La sencillez, la humildad, el sentido del trabajo, la servicialidad, todo ello amasado con actitud amorosa y desprendimiento. "Confesar a un Padre que ama infinitamente a cada ser humano implica descubrir que con ello le confiere una dignidad infinita, porque cada persona humana ha sido elevada al corazón mismo de Dios" (Evangelii Gaudium 178).

 

El amor a los pobres, con actitud samaritana, fue otra de las virtudes aprendidas en el hogar, por el testimonio y ejemplo de sus mayores. Desde niña, la opción preferencial por los pobres estuvo en el horizonte de su vida espiritual y de su servicio misericordioso.

 

Su espiritualidad se nutrió de la rica religiosidad popular, propia de nuestra gente sencilla. Santa María, San José y la lectura orante de la Biblia, formaron parte de sus devociones primeras y la acompañaron toda su vida. Es una prueba más de la raigambre de la fe en nuestro pueblo, ese sensus fidei, esa especie de instinto que posee todo bautizado para reconocer y apreciar lo que es de Dios, lo que es genuinamente cristiano, que penetra todo su ser y se manifiesta en el profundo amor a la Iglesia. Aparecida nos recuerda "el papel tan noble y orientador que ha jugado la religiosidad popular, especialmente la devoción mariana, que ha contribuido a hacernos más conscientes de nuestra común condición de hijos de Dios y de nuestra común dignidad ante sus ojos, no obstante las diferencias sociales, étnicas o de cualquier otro tipo". Esta piedad "refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer" (Aparecida, 37 y 258ss).

 

Los caminos de Dios son insondables. En la respuesta de la Hermana Agustina a las oportunidades que se le presentaron se abrieron nuevos cauces a su vocación de consagrada en la Congregación de las Religiosas de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor. La espiritualidad de San Juan Eudes y de Santa María Eufrasia permearan todo su ser, impregnándola de la riqueza del recio carisma eudista, para ser misionera a tiempo completo en el servicio a la juventud en riesgo, y más allá, a todo el que se acercaba a ella para percibir el buen olor de su comportamiento. Disciplina, oración, compartir fraterno, servir, formación permanente en lo humano y lo divino, con espíritu alegre y deseo permanente de aprender para darlo en abundancia. La devoción al Sagrado Corazón de Jesús entra en la galería de sus preferencias junto con los santos fundadores, añadidos a San José y Santa María, a quienes refería todas sus necesidades y anhelos.

 

La presencia testimonial de la Congregación del Buen Pastor en las muchas obras diseminadas por la amplia geografía del país por más de un siglo es signo de la vitalidad de la Iglesia. En ellas también bebió nuestra Hermana Agustina y las interiorizó fuertemente. No digo nada nuevo, ante la inmensidad de testimonios sobre su humildad y compromiso de servicio, y su capacidad de enseñar con disciplina y rigor pero con mano suave y cariñosa. Reconozcamos el valor de la vida consagrada en nuestro tiempo, y la aceptación de la gente de esta región al regresar la presencia activa de las Hermanas al Vicariato.

 

Pero, lo que más me ha impresionado en Aguchita es encontrarme con su profunda espiritualidad que raya en el misticismo. La contemplación en la acción fue norte de su quehacer cotidiano y se blindó con la exigencia de su congregación de que "la muerte no se improvisa, el amor es nuestra vocación", unida al voto del martirio de San Juan Eudes: "te alabo y glorifico en los diversos martirios que han padecido tantos y tan atroces tormentos por amor a ti". Y al voto de Santa María Eufrasia: "Confío en que nuestra Congregación llegará a ser muy numerosa, a extenderse mucho y que Dios nos concederá la gracia de que algunas lleguen a verter su sangre por la salvación de las almas".

 

Toda su vida estuvo marcada por asumir, con temor pero con generosidad, la exigencia de estos votos. Sorprende la vigencia de su vocación mística desde edad temprana. Son pocos, poquísimos, los escritos que nos ha dejado la santa, pero suficientes para calibrar la hondura de su amor a Dios y el servicio al prójimo. A los cuarenta años, en la tercera probación, deja entrever su capacidad orante que va más allá de lo ordinario. El sentido oblativo de la vida cristiana y de la vida religiosa, fue para ella bálsamo suave cuando las dudas, las tentaciones o el cansancio intentaban hacer mella en su espíritu.

 

El dolor fue purificación y llave para la contemplación, para pensar y actuar primero tomando en cuenta al otro antes que a sí misma. Nos evoca el cántico espiritual de San Juan de la Cruz "Buscando mis amores, iré por esos montes y riberas; ni cogeré las flores, ni temeré las fieras, y pasaré los fuertes y fronteras". Es una experiencia que nos parece rara y difícil de alcanzar, pero no es así, lo palpamos por doquier. El profundo sentido religioso de mucha de nuestra gente sencilla, en la que no hay obstáculo para ver el lado positivo y trascendente de la vida ordinaria, es más común de lo que pensamos, y es sostén de la vida cristiana de nuestros fieles y nos hace descubrir como Elías, la presencia del Señor, en la brisa cuasi imperceptible, que nos arroba en "la noche sosegada, en par de los levantes de la aurora, la música callada, la soledad sonora, la cena que recrea y enamora". Los testimonios de primera hora y los recogidos en la elaboración del proceso de beatificación ratifican esta condición: la Hermana Agustina trasmitía como por ósmosis que detrás de sus actos estaba la acción de la gracia divina, percibida por propios y extraños.

 

El martirio de la Hermana Agustina tiene varias caras que conviene tener en cuenta. En primer lugar, el sin sentido de la violencia, el crimen, la injusticia y lo nefasto de las ideologías para quienes la vida humana no cuenta. El uso indiscriminado de las armas solo deja muerte y desolación, no soluciona los problemas reales de la convivencia humana. Que la guerrilla y la guerra desaparezca para siempre del mundo entero y de esta tierra bendita de la selva amazónica. Seamos capaces de sanar el dolor y el desprecio, asegurando, construyendo lentamente la globalización de la solidaridad sin dejar a nadie al margen.

 

En segundo lugar, como creyentes, vemos a la luz de la Palabra y la fuerza de la eucaristía, la necesidad del cultivo de las vocaciones a la vida sacerdotal, a la vida consagrada, a la presencia estable de líderes laicos que abran espacio a la multiplicidad de dones que el Espíritu Santo siembra en todos. Es urgente encarnar la idea de la permanencia de una vida auténticamente humana sobre la tierra, abonada con la exigencia cristiana de asumir la fragilidad y debilidad de la condición humana como una fuerza para la confianza en la acción de la gracia que nos llama a ser constructores de la fraternidad y de la paz. "En el seguimiento de Jesucristo, aprendemos y practicamos las bienaventuranzas del Reino, el estilo de vida del mismo Jesucristo: su amor y obediencia filial al Padre, su compasión entrañable ante el dolor humano, su cercanía a los pobres y a los pequeños, su fidelidad a la misión encomendada, su amor servicial hasta el don de su vida" (Aparecida 139).

 

Aguchita hizo de su vida lo anteriormente expuesto en fidelidad al pensamiento de Santa María Eufrasia: "Felices si muriésemos en el ejercicio de nuestro celo, porque seríamos consideradas como mártires". En ella, el martirio no fue una improvisación sino el holocausto final del amor a su vocación. Su vida y su muerte nos recuerdan que para todo bautizado  esta es una dimensión constitutiva de su existencia; que la entera vida cristiana mira al martirio como a un horizonte permanente, a esa dimensión oblativa, y sea de manera incruenta las más de las veces, o de manera cruenta.

 

En la Hermana Agustina se hizo presente el evangelio del Buen Pastor proclamado en esta eucaristía. Como buena pastora, Aguchita dio su vida por sus ovejas. También a ella la amó el Señor porque dio la vida para recobrarla, nadie se la quitó, la dio voluntariamente. La riqueza espiritual y pastoral de Medellín y Puebla la hizo suya, uniendo así el cielo con el suelo, en el ansia de liberación plena y total. La ternura y el amor misericordioso, la tolerancia y el respeto, la acogida y la no discriminación, la opción por la vida y el amor a la naturaleza, propias de la espiritualidad del Buen Pastor, se convirtieron en ofrenda agradable a Dios para bien de todos. Hoy celebramos el triunfo de la vida sobre la muerte y asumimos el reto pascual de ser discípulos misioneros apasionados por aprender y enseñar a vivir. La bondad que contagiaba fue fruto de un duro trabajo que se lleva a cabo en el corazón del hombre (San Juan XXIII).

 

Aguchita se convierte con su muerte en el mejor regalo a los desvelos del Papa Francisco para ayudar a despertar el afecto y la preocupación por la tierra amazónica que es también "nuestra" y reconocerla como un misterio sagrado, "sueño con una Amazonía que luche por los derechos de los más pobres, de los pueblos originarios, de los últimos, donde su voz sea escuchada y su dignidad sea promovida" (Querida Amazonía, 7). La Hermana María Agustina merece ser patrona de esta porción del mundo para bien de toda la humanidad, así como ella incluía en sus oraciones una plegaria por los sacerdotes del mundo entero. Transmitir la hondura de su vida es tarea que está en nuestras manos.

 

Antes, pues, de continuar esta eucaristía laudatoria, hagamos nuestra la oración de Aguchita:

 

"Señor, que ves, que puedes, haz de tu miserable, lo que tú quieras, soy tuya, quema mis pecados, mis fallas y miserias; levanta mi alma de mis caídas y recibe mis dolores y sacrificios y lágrimas por mis sacerdotes de Cuba, de mi Patria, por los míos en particular. Soy cobarde, Señor, enséñame a sonreír en el dolor, esconder y disimular mis angustias, que sepa yo sorber las lágrimas".

"Tú lo sabes y ves la intención mía. Soy capaz de tantas calamidades, sostenme, Padre mío de la mano; de todo estoy tan decepcionada de mi trabajo, mis fracasos, la falta de organización, solo tú lo puedes arreglar". Señor, hoy pasé junto a ti bajo la sombra del Amor y Misericordia, has aliviado mis heridas hondas. Comprendo que pides más santidad a mi pobre alma. Quien, sino Vos puede realizar este ideal en mí, mísera y ruin criatura".

Beata María Agustina, ruega e intercede por tu pueblo. Viva Jesús y María. Amén.

 

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